Gigantes VS. Molinos

Coloso de Gaudí III, 2012.Mcchueco

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Colosos de Gaudí III (¡Gigantes no, vuestra merced!). 2011
[Serie Los Colosos de Gaudí]
Medidas variables
Fotografía digital.
"Justo me encontraba en ese idéntico habitáculo en el que ya había jugado a ser Alicia. Seguía yo en mí pequeñez, ya no por ser esa niñita que encogía al catar cierto brebaje, seguía yo en mí menudencia por hallarme en el anverso a esta colosal belleza que se arremolinaba en su forma natural hacia el cielo. Caracterizados por pequeñas aspas impedidas de tragar pero si de  cortar las nubes que se aventuran al pasar cerca de su franja.

Por su perfil grandioso y desde la lejanía me pareció que fueran gigantes, no eran tantos como Alonso Quijano visualizó en su aventuras, ni mantenían largos brazos que amenazan ágilmente alborotados. No quise ser “caballero” con yelmo y armadura que acudiera en busca de historias de caballerías entre Dulcineas y escuderos amplios de panza. Tampoco quise ser la Dulcinea a la que se encomendó el caballero Alonso momentos antes de lanzarse a su particular batalla.
Que majadería la mía, la de conjeturar que por un momento allí se presenciaría batalla entre caballeros y molinos. Pero engatusada por sus bellas formas, helicoidales curvas que al cielo querían levantarse, no quedó más opción que dejarse llevar por la imaginación. “Es lugar para fantasear”, advierten quién han visitado esta zona. 

No más de cuatro o cinco colosales había algo separados entre ellos, con extrañas formas diminutas que a modo de mosaico tridimensional constituían la completa figura blanca. Sus cortas astas se transfiguraban en brazos, imaginé que de la cima del mismo surgía la cabeza y sus cimientos se despegaban del suelo surgiendo largas piernas que mantenían hábilmente el peso del coloso.

Un huerco al corazón es lo que me hizo regresar a mi mundo original. Agitación es lo que seguidamente me llenó de poder captar tales formas y quizás esa misma emoción debió sentir Alonso, o más bien, su creador, quién lo alimentó en la profundidad de la eternidad universal.
Finalmente despierta de esa transformación gigantesca, pensé que quizás me dejé llevar por la impresión de pisar aquel lugar y del instante. O que cierta locura “caballeresca”, me tragó, aunque nunca había leído ciertas aventuras. 
No fue locura mi postura sino más bien satisfacción ante la bella grandiosidad del lugar y la percepción de sus habitantes." ©

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